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Su evolución en el tiempo

Fundación del primer poblado.

Casas aisladas de ramas y barro. Las primeras casas se construyeron en Las Eretas cuando la muralla de piedra y la calle de cantos rodados ya estaban hechas, en el siglo VII a. C. Tenían planta rectangular y un hogar en el centro, pero su estructura era muy frágil pues estaba formada por pequeños postes de fresno alineados y clavados en el suelo con entramado de palos revestidos de barro. Probablemente tuvieron tejado a dos aguas en sentido longitudinal, pues entre unas casas y otras había pasillos de libre circulación, desde donde se accedería a la muralla. Sabemos que este poblado fundacional se destruyó por un incendio, pero desconocemos si fue fortuito o intencional.

Imagen de la fundación del primer poblado

Segundo poblado. Casas pareadas de piedra y adobe.

Sobre las cenizas de esta primera aldea fortificada, los campesinos que la habitaron construyeron un caserío más compacto y resistente, pues las casas compartían muros de carga medianeros y se levantaban sobre un zócalo de piedra de mampostería colocada a seco (bien de caliza, extraída en canteras localizadas a cierta distancia, bien de grandes cantos rodados recogidos en el cercano cauce del Arga). Las paredes eran de adobe o tapial y el tejado –a una vertiente desde la muralla hasta la calle– de madera, paja y tierra; esta cubierta estaba dividida en tres tramos separados por dos traviesas que se apoyaban en los muros de carga laterales y sobre sendos postes centrales que han dejado su impronta en el suelo.

Imagen del segundo poblado

Remodelación urbana. El obrador.

La vida en este segundo poblado se desarrolló entre los siglos VI y V a. C. sin mayores cambios de su traza, si bien seguramente a causa de un incendio parcial se rediseñó el sector occidental del caserío modificando la disposición de las casas, lo que permitió crear junto a la muralla un obrador para una producción de pan colectiva. En él se han descubierto dos hornos, un hogar y varios vasares en los que se realizaría la molienda de los cereales y la preparación de la masa del pan.

Fotografía de los restos del obrador

Poblado celtibérico. El crecimiento de la población obligó a desmantelar la muralla.

Por las investigaciones realizadas sabemos que entre los siglos IV y III a. C. esta aldea se quedó pequeña, pues se derribó la muralla para poder expandirse por el oeste. A este nuevo poblado corresponde la pavimentación de la calle con losas de piedra, pero apenas conocemos el trazado de su caserío ya que los niveles arqueológicos se han conservado parcialmente por estar próximos a la superficie.

El poblado de Las Eretas se romaniza.

Este hábitat estuvo habitado hasta el siglo I a. C., pues se ha descubierto un nivel de destrucción fechable a comienzos de esa centuria, quizás en relación con las denominadas guerras sertorianas, ya que por esas fechas otros muchos poblados de nuestra región presentan niveles de destrucción y abandono. Algo después de este conflicto se construyó en Berbinzana una nueva aldea o vicus, pero no en este sitio sino algo más al Norte, donde se han recogido abundantes restos arqueológicos. De la época del emperador Constantino (siglo IV d. C.) es un miliario o mojón informativo de la calzada romana que por el valle del Arga comunicaba las ciudades de Graccurris (Alfaro) con Andelo (Andión, Mendigorría) y Pompelo (Pamplona).
 

 
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